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¿Rockefeller acabó con la medicina natural? Lo que dice de verdad el informe Flexner

Circula por las redes que en 1910 un magnate del petróleo pagó un informe para borrar la medicina natural y vender fármacos. Hemos leído el informe original, página a página. Esto es lo que es verdad, lo que no y la injusticia que casi nadie cuenta.

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Retrato antiguo en blanco y negro de Abraham Flexner joven, con bigote, gafas pequeñas, traje y corbata, mirando hacia la izquierda
Abraham Flexner, el autor del informe, retratado de joven por Edward Klauber en Louisville. Biblioteca del Congreso de EE. UU. (dominio público).

En resumen

  • El bulo: que John D. Rockefeller pagó en 1910 un informe para destruir la medicina natural y sustituirla por fármacos hechos con petróleo, porque las plantas no se pueden patentar.
  • Lo que es verdad: el informe existió, lo escribió Abraham Flexner, cerraron muchas facultades de medicina y el dinero de Rockefeller ayudó a la reforma.
  • Lo que es falso: el informe lo pagó la Fundación Carnegie, no Rockefeller; no nombra el petróleo ni una vez, y criticaba igual a la medicina «de siempre» que a la homeopatía.
  • Lo que casi nadie cuenta: la reforma dejó en pie solo dos facultades de medicina para estudiantes negros, y eso tuvo consecuencias durante décadas.

La historia que cuentan los vídeos

En los últimos años se ha hecho viral un relato con forma de película. A principios del siglo XX, dice, la gente se curaba con plantas, sol y agua. Entonces el hombre más rico del mundo, el magnate del petróleo John D. Rockefeller, descubrió que con los restos del petróleo se podían fabricar medicamentos. Solo había un problema: las plantas no se pueden patentar. Así que pagó un informe con una «misión secreta»: desacreditar la medicina natural, cerrar sus escuelas y perseguir a sus médicos.

El relato tiene un nombre propio que sí es real: el informe Flexner, publicado en 1910. Y como el informe es antiguo, está digitalizado y es de dominio público, se puede comprobar. Lo hemos leído entero, en su edición original.

Cómo eran las facultades de medicina en 1910

A principios del siglo XX, en Estados Unidos y Canadá cualquiera podía montar una escuela de medicina casi como un negocio. Abraham Flexner, un profesor de Louisville sin título de médico, recorrió en 1909 las 155 facultades de medicina del continente, una por una. Lo que encontró lo dejó escrito con nombres y apellidos.

Según el informe, más de 120 de esas 155 escuelas vivían solo de lo que pagaban los alumnos. En muchas, los requisitos para entrar existían solo «sobre el papel», los laboratorios estaban vacíos o a medio montar, y todos los profesores eran médicos de la zona que daban clase a ratos. En una de ellas, Flexner encontró «una sala de lectura sin nada que leer» y aulas vacías, salvo por «un maniquí maltratado» en una esquina.

Su conclusión fue tajante: durante los veinticinco años anteriores había habido «una enorme sobreproducción de médicos sin formación y mal preparados». Y la frase más famosa del informe: el país necesitaba «menos médicos y mejores».

Mapa antiguo de Estados Unidos y Canadá lleno de puntos que marcan las facultades de medicina de 1910
Antes: las facultades de medicina que había en 1910. Mapa del informe Flexner (dominio público).
El mismo mapa con muchos menos puntos: las facultades que Flexner proponía mantener
Después: las que Flexner proponía dejar. Mapa del informe Flexner (dominio público).

Quién pagó el informe (y quién no)

Aquí empieza a fallar el bulo. La introducción del propio informe explica de dónde salió el dinero: los administradores de la Fundación Carnegie para el Avance de la Enseñanza aprobaron en noviembre de 1908 el estudio de las escuelas de medicina y de derecho, y pusieron el dinero necesario. La portada lo dice también: es el «Boletín número cuatro» de la Fundación Carnegie, con una introducción de su presidente, Henry Pritchett.

¿Y Rockefeller? En las más de 300 páginas del informe, su nombre aparece una sola vez, y no por él: para nombrar a Simon Flexner, hermano del autor, que dirigía el Instituto Rockefeller de investigación. La palabra «petróleo» (en inglés, petroleum) no aparece ni una vez.

Eso no quiere decir que Rockefeller no tuviera nada que ver. Según un estudio de la Universidad de Yale, su consejero de confianza, el pastor Frederick Gates, se entusiasmó con la idea de una medicina basada en la ciencia y fue quien convenció a Rockefeller de poner su fortuna al servicio de esa reforma. El dinero de Rockefeller no pagó el informe, pero sí ayudó a levantar las facultades que siguieron su modelo.

¿Atacaba a la medicina natural?

El informe dedica un capítulo entero, el décimo, a lo que llama las «sectas médicas»: la homeopatía, la osteopatía, la medicina ecléctica… Y lo que dice sorprende a quien conoce el bulo. Flexner no defiende una escuela contra otra. Escribe que, antes de que la medicina tuviera una base científica, todas partían de alguna idea preconcebida, y que «la alopatía era tan sectaria como la homeopatía». La alopatía era, precisamente, la medicina «oficial» de la época.

Su criterio era otro: daba igual cómo se llamara a sí mismo un médico, «alópata, homeópata, ecléctico, osteópata o lo que sea»; al público le importaba igual que estuviera bien preparado. Lo que pedía era que todos estudiaran ciencias, laboratorio y práctica con enfermos, con los mismos requisitos. Las escuelas que no podían cumplirlos, de cualquier tipo, eran las que sobraban. Las plantas medicinales, las hierbas o el petróleo no son el tema de ninguna página.

La injusticia que casi nadie cuenta

Hay una parte del informe que sí dejó una herida, y no es la que cuentan los vídeos. Cuando se cerraron las escuelas que no llegaban al nivel, cayeron también las facultades para estudiantes negros, que eran pequeñas y pobres. Según la Facultad de Medicina de la Universidad Washington en San Luis, solo dos sobrevivieron a la primera ola de cierres: Meharry, en Nashville, y Howard, en Washington, las dos que el propio informe proponía conservar.

Dos expertas de la Asociación de Facultades de Medicina de Estados Unidos lo resumieron en 2010, al cumplirse cien años: aplicado solo 48 años después de la Proclamación de Emancipación de los esclavos, el principio de «menos médicos y mejores» cerró oportunidades a los afroamericanos que querían estudiar medicina y limitó durante mucho tiempo el número de médicos negros en el país.

Por qué el bulo funciona tan bien

Los bulos que mejor viajan no son mentiras completas: mezclan piezas verdaderas con un motivo inventado. Aquí todo lo comprobable es real (el informe, los cierres, el dinero de Rockefeller), y lo que se añade es la intención secreta, el petróleo y la persecución. Frases como «un paciente curado es un cliente perdido» se repiten en esos vídeos, pero no aparecen en el informe.

La historia real es menos de película y más interesante: un profesor sin título de médico visitó 155 escuelas, escribió lo que vio con una franqueza brutal y cambió para siempre cómo se forman los médicos, con aciertos y con injusticias que todavía se estudian.

Si te gustan estas historias de bulos y engaños, lee también la de Mary Toft, la mujer que «dio a luz» conejos, el engaño que convenció a varios médicos y llegó hasta la corte del rey, y la de la maldición de Tutankamón, otro mito que alimentó la prensa. Y para ver hasta dónde llega un buen engaño, la de Victor Lustig, el hombre que vendió la Torre Eiffel.

Fuentes y referencias

Preguntas frecuentes

¿Rockefeller pagó el informe Flexner?

No. El informe Flexner de 1910 lo encargó y lo pagó la Fundación Carnegie para el Avance de la Enseñanza, como explica su propia introducción. El dinero de Rockefeller sí ayudó a la reforma: su consejero Frederick Gates lo convenció de financiar la medicina basada en la ciencia que defendía el informe.

¿El informe Flexner prohibió la medicina natural?

No. Criticaba a todas las escuelas mal preparadas, también a las de la medicina oficial de la época: Flexner escribió que «la alopatía era tan sectaria como la homeopatía». Pedía que todos los médicos estudiaran ciencias y práctica con enfermos. El informe no habla del petróleo ni de las plantas medicinales.

¿Qué consecuencias tuvo el informe Flexner?

Se cerraron o se fusionaron muchas facultades, y la medicina se enseñó desde entonces con laboratorio y hospital. También tuvo una cara injusta: de las facultades para estudiantes negros solo sobrevivieron dos, Howard y Meharry, lo que limitó durante mucho tiempo el número de médicos afroamericanos.

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