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Simo Häyhä, la «Muerte Blanca»: el granjero finlandés que se convirtió en el francotirador más temido de la historia

Medía 1,60 metros, era granjero y cazador, y en el invierno de 1939 su país fue invadido. En menos de cien días se convirtió en una leyenda de la guerra. Una semana antes de la paz, una bala le destrozó la cara.

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Fotografía en blanco y negro de un soldado bajo, con traje blanco de nieve y capucha, que sostiene un fusil en un bosque nevado
Simo Häyhä en el frente, el 17 de febrero de 1940. Foto del archivo del ejército finlandés (dominio público).

En resumen

  • Quién: Simo Häyhä, un granjero y cazador finlandés de 1,60 metros, de un pueblo cercano a la frontera con la Unión Soviética.
  • Cuándo: en la guerra de Invierno, cuando la Unión Soviética invadió Finlandia, entre el 30 de noviembre de 1939 y el 13 de marzo de 1940.
  • Qué hizo: como francotirador en el frente de Kollaa abatió a cientos de soldados soviéticos en menos de cien días. Su propia libreta da la cifra de 542; los recuentos confirmados son menores.
  • Por qué importa: se le considera el francotirador más letal de la historia. Una semana antes del fin de la guerra, una bala le destrozó la mandíbula.

Un granjero de Rautjärvi

Simo Häyhä vivía en Rautjärvi, en el sureste de Finlandia, muy cerca de la frontera con la Unión Soviética. Era granjero y cazador; le gustaban la pesca y el esquí de fondo. Medía 1,60 metros. En el servicio militar ya se había hecho famoso por su puntería.

En octubre de 1939, según escribió él mismo, lo llamaron a filas. El 30 de noviembre, la Unión Soviética invadió Finlandia. Era un país pequeño frente a uno de los ejércitos más grandes del mundo. Empezaba la guerra de Invierno. Häyhä tenía 34 años.

El frente de Kollaa

Lo destinaron como francotirador al regimiento de infantería 34, en la compañía de Aarne Juutilainen, un oficial al que llamaban «el Terror de Marruecos». Su sitio era Kollaa, en Carelia, al norte del lago Ladoga.

Su fama corrió rápido. Antes de Navidad, el escritor Mika Waltari, que visitó el frente como corresponsal, apuntó en su libreta lo que le contaron y no se acababa de creer: aquel cabo bajito y sonriente llevaba ya 138 enemigos abatidos. Juutilainen se lo confirmó, y le explicó que habían empezado a llevar la cuenta oficial cuando pasó de diez.

El ejército finlandés vio enseguida que aquel granjero levantaba la moral, y su propaganda empezó a construir la leyenda. Los soviéticos, según Forces News, le temían tanto que la moral del Ejército Rojo se resintió.

Cómo lo hacía

Según la Federación de Veteranos de Guerra de Finlandia, que reúne lo que se sabe de sus métodos:

  • Llegaba a su puesto antes del amanecer y no se iba hasta después de la puesta de sol.
  • Pequeño y vestido de blanco, se escondía en un hoyo en la nieve y pasaba horas sin moverse.
  • Endurecía con agua los bordes del hoyo, para que la nieve no saltara al disparar y lo delatara.
  • Se cuenta que se metía nieve en la boca para que el vaho de su aliento no se viera en el aire helado.
  • No usaba mira telescópica: el cristal se empañaba con el frío, podía brillar al sol y le obligaba a levantar la cabeza unos centímetros más. Prefería la mira de hierro de su fusil.

Su arma era un fusil finlandés M/28-30, una versión del Mosin-Nagant. Como jefe de grupo usaba también un subfusil Suomi.

¿Cuántos fueron?

Es la pregunta que todo el mundo hace, y no tiene una respuesta exacta. Según la Federación de Veteranos, las bajas confirmadas como francotirador pasan de 200, y otras fuentes le atribuyen más de 200 con el subfusil. Las estimaciones más altas superan las 550.

En 2018, la televisión pública finlandesa, Yle, contó un hallazgo: en el cajón de una vieja cómoda apareció una libreta que Häyhä escribió pocos meses después de ser herido, titulada «Mis recuerdos de guerra». Nadie sabía que existía. En ella, la cifra es de 542, en 98 días.

La bala que le destrozó la cara

A principios de marzo de 1940, una semana antes del final de la guerra, le alcanzó un disparo. Según la Federación de Veteranos, una bala explosiva le entró por la izquierda, le destrozó la cara y le rompió la mandíbula.

Estaba tan grave que no despertó hasta una semana después. Cuando lo hizo, leyó en el periódico dos noticias: que la guerra había terminado con un tratado de paz… y que él había muerto.

Necesitó muchos meses y varias operaciones. Las marcas se le vieron toda la vida. Cuando empezó una nueva guerra contra la Unión Soviética, pidió volver al frente. No le dejaron.

Lo que no se sabe

La cifra exacta de soldados que abatió no se sabrá nunca: unas cuentas son oficiales, otras de testigos, otras de su propia libreta, y la propaganda de guerra tenía interés en hacerla crecer. Tampoco está comprobado cada detalle de sus métodos, como la nieve en la boca: es lo que se cuenta, no algo que dejara escrito. Lo que nadie discute es que fue uno de los francotiradores más eficaces que han existido.

Un hombre callado

La guerra le costó caro. Su granja quedó en el territorio que Finlandia tuvo que entregar a la Unión Soviética en el tratado de paz, y tuvo que empezar de nuevo en Ruokolahti, donde vivió el resto de su vida. Siguió cazando, ahora alces. El mariscal Mannerheim lo ascendió de golpe de cabo primero a subteniente, algo excepcional, y recibió varias condecoraciones.

Pero en Ruokolahti, según recogió Yle de sus vecinos, lo recordaban por otras cosas. Que su Volkswagen escarabajo amarillo fue el primer coche de color del pueblo. Que en los trabajos comunitarios era el primero en llegar, y que si llegabas un minuto tarde a los suyos, la puerta ya no se abría. Que nunca quiso enseñar a disparar a los niños del pueblo, ni siquiera con una pistola de juguete. Y que, a pesar de su cara destrozada, era amable y educado. Como el soldado Hiroo Onoda o Desmond Doss, es uno de esos hombres corrientes a los que una guerra convirtió en leyenda.

Fuentes y referencias

Preguntas frecuentes

¿Por qué llamaban a Simo Häyhä la Muerte Blanca?

Porque combatía vestido de blanco, escondido en la nieve de los bosques de Carelia durante la guerra de Invierno de 1939-1940, y era casi imposible de ver. Abatió a cientos de soldados soviéticos en menos de cien días.

¿Cuántos soldados abatió Simo Häyhä?

No se sabe con exactitud. En su propia libreta, encontrada en 2018, la cifra es de 542 en 98 días. Las bajas confirmadas como francotirador pasan de 200, y otras fuentes le atribuyen más de 200 con el subfusil.

¿Qué le pasó a Simo Häyhä?

A principios de marzo de 1940, una bala explosiva le destrozó la cara y la mandíbula. Sobrevivió, despertó una semana después leyendo que lo daban por muerto, y vivió el resto de su vida como granjero y cazador en Ruokolahti.

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