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¿Tartaria construyó las catedrales? Lo que prueban las piedras de Notre-Dame

Miles de vídeos aseguran que las catedrales góticas eran demasiado perfectas para la Edad Media y que las levantó un imperio borrado de la historia. Notre-Dame de París lleva su fecha y el nombre de un constructor grabados en la piedra, y el incendio de 2019 sacó a la luz las grapas de hierro de sus obreros.

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Miniatura medieval de colores: obreros tallan y suben piedras con grúas y andamios alrededor de un gran templo gótico dorado
Obreros levantando un templo con forma de catedral gótica, con grúas, andamios y canteros. Miniatura de Jean Fouquet, hacia 1465 (dominio público).

En resumen

  • El bulo: que un imperio avanzado llamado Tartaria levantó las catedrales y los grandes edificios del mundo, y que después lo borraron de la historia y lo enterraron en barro.
  • Lo que es verdad: «Tartaria» sale en muchos mapas antiguos. Pero era el nombre que daban los europeos a una enorme región de Asia, no un imperio.
  • Lo que prueba Notre-Dame: se empezó en 1163, una inscripción de 1258 nombra a uno de sus maestros constructores, y el incendio de 2019 permitió fechar sus grapas de hierro: son del siglo XII.
  • Por qué importa: quitarles el mérito a los constructores es borrar a gente que sí existió.

La historia que cuentan los vídeos

Hace no tanto, dicen miles de vídeos, existió un imperio mundial llamado Tartaria, con una tecnología muy superior a la nuestra. Suyas serían las catedrales góticas, los palacios de las grandes capitales y los edificios blancos de las ferias mundiales. En el siglo XIX, una «inundación de barro» lo habría sepultado todo, y los vencedores habrían reescrito la historia para quedarse con sus obras.

Las pruebas son siempre las mismas: mapas antiguos con el nombre «Tartaria», ventanas de sótano a ras del suelo y la idea de que nadie con herramientas medievales pudo levantar algo como Notre-Dame. Las tres se pueden comprobar.

Tartaria sí sale en los mapas (pero no era un imperio)

Esa es la parte verdadera, y por eso el bulo convence. Durante siglos, los mapas europeos llamaron Tartaria o «Gran Tartaria» a una región inmensa del centro y el norte de Asia, desde el mar Caspio hasta el Pacífico. El nombre venía de los tártaros, uno de los pueblos de la estepa que llegaron a Europa con las invasiones mongolas. Según el historiador Mark Elliott, la «r» de más hacía pensar en el Tártaro, el infierno de la mitología griega: era un nombre que daba miedo.

Mapa antiguo de colores del norte y el centro de Asia con regiones pintadas en verde, rosa y amarillo y un cartel decorado que dice Carte de Tartarie
«Carte de Tartarie», de Guillaume Delisle, 1706: regiones y pueblos, no las fronteras de un imperio (dominio público).

Los vídeos citan la Enciclopedia Británica de 1771. Su artículo «Tartary» existe, y empieza describiéndola como «un vasto país en las partes del norte de Asia». Pero lo que sigue es una lista de pueblos muy distintos: los de Astracán, los calmucos, los «tártaros» del Tíbet, los del norte de Persia y de la India. Es una región que los europeos conocían mal, no un Estado con capital, rey y ejército. En el siglo XIX, a medida que se exploró, el nombre se dejó de usar.

Notre-Dame tiene fecha de nacimiento

Notre-Dame de París, el gran ejemplo de «obra imposible», es una de las catedrales mejor documentadas. Según la fundación que trabaja en su restauración, Maurice de Sully, obispo de París desde 1159, ideó el proyecto hacia 1160, y la primera piedra se puso en 1163, según la tradición en presencia del papa Alejandro III. El altar mayor se consagró en 1189. Sully murió en 1196 sin verla acabada, y las obras siguieron, con otros obispos y otros maestros, hasta 1345.

La propia catedral lleva una prueba grabada. En la base de la fachada del brazo sur, a los dos lados de la puerta, hay una inscripción en latín que dice, traducida: «En el año del Señor 1257, en el mes de febrero, el segundo día de los idus, se empezó esto en honor de la Madre de Cristo, en vida del maestro Juan de Chelles, cantero». Con el calendario de hoy, la fecha cae en febrero de 1258.

Dos franjas de piedra clara con letras talladas en latín, muy gastadas, en la base de una fachada
La inscripción de 1258 que nombra al maestro Jean de Chelles, en dos partes. Fotos de FreCha, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Lo que reveló el incendio de 2019

El 15 de abril de 2019, la cubierta de Notre-Dame ardió y su aguja se vino abajo ante millones de personas. Durante la restauración, los investigadores llegaron a partes del edificio que llevaban siglos tapadas.

La aguja de piedra y plomo de Notre-Dame envuelta en llamas y humo naranja
La aguja de Notre-Dame en llamas, el 15 de abril de 2019. Foto de Guillaume Levrier, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Entre las piedras encontraron grapas de hierro: barras de metal que unen un bloque con el siguiente. Un equipo francés dirigido por Maxime L'Héritier estudió doce y fechó seis con carbono 14, un método que mide la edad del carbón que se usó para forjar el hierro. Su estudio, publicado en 2023 en la revista científica PLOS ONE, concluye que todas son de la época en que se construyó la catedral, y que las de las tribunas del coro no son posteriores a la década de 1160: se pusieron en las primeras fases de la obra.

Una barra de hierro oscura y alargada, rota, encajada entre losas de piedra gris, junto a una regla de diez centímetros
Una de las grapas de hierro de las tribunas de Notre-Dame, rota, con una regla de 10 cm. L'Héritier y otros, PLOS ONE, 2023, figura 6 (CC BY 4.0).

Calculan que hay unas 300 o 400 en las tribunas, la nave y el coro, y otras 500 o 600 en lo alto de los muros. Y el metal cuenta algo muy humano: muchas grapas se forjaron uniendo trozos de hierro de procedencias distintas. Según el estudio, Notre-Dame es la primera catedral gótica conocida en la que se usó el hierro a lo grande para atar la piedra. No es tecnología perdida: es una idea nueva de unos constructores que estaban probando hasta dónde se podía subir.

La madera dice lo mismo: según la Universidad de la Sorbona, los robles de la armadura del tejado crecieron entre los siglos XI y XIII, y hacia 1225 se desmontó parte de la catedral para agrandar las ventanas. Es un edificio que se fue corrigiendo durante generaciones.

Cómo lo hacían, con sus propios dibujos

Los constructores medievales no dejaron planos como los de hoy, pero sí dejaron rastro. El más famoso es el cuaderno de Villard de Honnecourt, un francés que hacia 1225-1235 dibujó catedrales, máquinas, figuras y trucos de oficio. Se guarda en la Biblioteca Nacional de Francia.

Página de pergamino con dibujos a tinta de armaduras de madera para tejados, en forma de triángulo, con notas en francés antiguo
Modelos de armaduras de madera para tejados en el cuaderno de Villard de Honnecourt, siglo XIII. Biblioteca Nacional de Francia, manuscrito francés 19093 (dominio público, CC0).

Las miniaturas de la época enseñan el resto: canteros que tallan los bloques en el suelo, grúas de madera, andamios pegados a los muros, como en la de Jean Fouquet que abre este artículo. Las obras duraban décadas y se paraban cuando faltaba dinero: por eso tantas catedrales mezclan estilos de épocas distintas.

¿Y los edificios «enterrados» y las ferias?

Las ventanas por debajo de la calle tienen explicación: muchas ciudades subieron el nivel de sus calles con el tiempo, y muchos edificios tienen sótanos con ventanas a ras de suelo. El portal de verificación Lead Stories preguntó a varios historiadores; Rachel Fulton Brown, de la Universidad de Chicago, lo resumió así: «las fechas no cuadran».

Según el bulo, la «Ciudad Blanca» de la Exposición Mundial de Chicago de 1893 se habría desenterrado, no construido. Pero su fotógrafo oficial, Charles Dudley Arnold, retrató las obras paso a paso en 1892.

Foto antigua en blanco y negro del interior de un edificio en obras: solo se ve el esqueleto de vigas de hierro y madera, sin paredes
El esqueleto del edificio de Agricultura de la feria de Chicago, en obras, 1892. Foto de Charles Dudley Arnold (dominio público).

Aquellos palacios parecían de mármol, pero eran provisionales: hierro y madera cubiertos con una mezcla de yeso y fibra llamada staff, pintada de blanco. Tras la feria, un incendio destruyó la mayoría. Según la Universidad Northwestern, solo queda uno: el que hoy alberga el Museo de Ciencia e Industria.

Por qué el bulo funciona tan bien

Como tantos bulos, mezcla piezas reales (el nombre, los edificios, las ventanas) con un imperio, una catástrofe y un gran engaño inventados. El historiador Bedross Der Matossian, de la Universidad de Nebraska, lo dijo sin rodeos al portal Lead Stories: Tartaria parece ser un lugar de ficción, y la inundación de barro nunca se ha tomado en serio.

La historia real tiene algo que el bulo le quita: personas. Un obispo que no vio terminada su obra, un cantero de Chelles que dejó su nombre en la piedra, herreros que unían trozos de hierro de varios sitios y un dibujante que apuntaba trucos en un cuaderno. Esas catedrales no las levantó un imperio misterioso. Las levantaron generaciones de trabajadores que nunca las vieron acabadas.

Si te gustan estas historias de mitos desmontados, lee también quién construyó de verdad las pirámides de Egipto, otra obra que se atribuye a civilizaciones perdidas, y la de Rockefeller y el informe Flexner, el bulo de la medicina natural contado con el documento original. Y para otro mito famoso, el de la Gran Muralla vista desde el espacio.

Fuentes y referencias

Preguntas frecuentes

¿Existió el imperio de Tartaria?

No como lo cuentan los vídeos. «Tartaria» era el nombre que los mapas europeos daban a una enorme región del centro y el norte de Asia, habitada por pueblos muy distintos. No hay pruebas de un imperio mundial con ese nombre ni de una inundación de barro que lo enterrara.

¿Quién construyó Notre-Dame de París?

La empezó el obispo Maurice de Sully, que puso la primera piedra en 1163, y las obras siguieron hasta 1345 con miles de artesanos y obreros. Se conoce el nombre de algunos maestros, como Jean de Chelles, que aparece en una inscripción de 1258. El nombre del primer arquitecto no se conoce.

¿Qué se descubrió en Notre-Dame después del incendio de 2019?

Durante la restauración se estudiaron las grapas de hierro que unen sus piedras. Un estudio de 2023 en la revista PLOS ONE las fechó con carbono 14: son de la época de la construcción, las más antiguas de la década de 1160. Notre-Dame es la primera catedral gótica conocida que usó tanto hierro para atar la piedra.

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