En resumen
- Quién: Leónidas, rey de Esparta, con 300 espartanos y varios miles de soldados de otras ciudades griegas, contra el ejército del rey persa Jerjes.
- Cuándo y dónde: en el verano del 480 a. C., en las Termópilas, un paso estrecho entre la montaña y el mar en el centro de Grecia.
- Qué pasó: los griegos frenaron a los persas dos días. Cuando un griego les enseñó un camino por la montaña y los rodearon, Leónidas mandó retirarse a la mayoría y se quedó a luchar hasta la muerte.
- Lo que la leyenda olvida: no eran solo 300. Con los espartanos se quedaron cientos de soldados de Tespias y de Tebas, y todo el ejército griego sumaba miles de hombres.
La invasión de Jerjes
Diez años antes, en el 490 a. C., los atenienses habían derrotado a los persas en Maratón. El rey persa Darío no vivió para vengarse, pero su hijo Jerjes sí lo intentó. A principios de junio del 480 a. C. su ejército cruzó el estrecho de los Dardanelos sobre dos puentes de barcas y bajó hacia Grecia, mientras las ciudades del norte se rendían sin luchar.
¿Cuántos eran? Nadie lo sabe. Heródoto, el historiador griego que contó la guerra unas décadas después y nuestra principal fuente, habla de 2,6 millones de hombres. Según National Geographic, los cálculos de los historiadores actuales, basados en lo que podía alimentar y mover un ejército de la época, hablan de entre 120.000 y 300.000. Seguían siendo muchísimos.
Las ciudades griegas, que solían pelearse entre ellas, se unieron por una vez. El plan era frenar a los persas por tierra en las Termópilas mientras su flota luchaba cerca, en el mar, en Artemisio.
Las «puertas calientes»
Termópilas significa «puertas calientes», por unas fuentes de agua sulfurosa que hay en la zona. Era un paso estrecho de unos seis kilómetros entre el monte Calídromo y el mar. Allí, el enorme ejército persa no podía aprovechar su número: tenía que entrar por un pasillo.
Lo defendía Leónidas, uno de los dos reyes de Esparta, que según National Geographic tendría unos 60 años. Llevaba 300 espartanos escogidos por él mismo. Pero no eran los únicos: con ellos había soldados de muchas ciudades griegas, entre ellos 1.000 focenses, 700 de Tespias y 400 de Tebas. Las cifras del total cambian según la fuente: National Geographic habla de unos 7.000 hombres; el historiador Jona Lendering, en Livius, de unos 4.000.
Dos días frenando a un imperio
Jerjes esperó cuatro días, convencido de que los griegos huirían al ver su ejército. Según Plutarco, que escribió siglos después, le mandó un mensaje a Leónidas para que entregara las armas. La respuesta se hizo famosa: «Ven a cogerlas».
Luego atacó. En el paso estrecho, los persas tenían lanzas más cortas y escudos más pequeños que los griegos, que luchaban hombro con hombro, en una pared de escudos. Las primeras oleadas fracasaron. Jerjes mandó entonces a su guardia de élite, los Inmortales. Tampoco pudieron. Según se cuenta, Jerjes, que miraba desde un trono, se levantó de un salto varias veces de rabia. Al día siguiente, lo mismo.
La traición
Entonces, según Heródoto, un griego de la zona llamado Efialtes fue a ver a Jerjes y le contó que había un sendero por la montaña que salía por detrás de los griegos. Su nombre ha quedado como sinónimo de traidor. Esa noche, los Inmortales subieron por el sendero.
Leónidas ya sabía que ese camino existía y había puesto a los 1.000 focenses a vigilarlo, pero no pudieron detenerlos. Al amanecer del tercer día, los griegos supieron que los persas iban a caer sobre ellos por la espalda.
«Con los puños y los dientes»
Lo que pasó entonces no está claro ni en el propio Heródoto: cuenta que muchos griegos se marcharon por su cuenta, y también que Leónidas les ordenó irse. Se quedaron los espartanos, los 700 de Tespias, que se negaron a abandonarlo, y los 400 de Tebas.
¿Por qué se quedó Leónidas? Heródoto da una explicación: un oráculo había anunciado que Esparta sería destruida o perdería a su rey, y él eligió morir. El historiador Charles Hignett lo llamó «un enigma sin resolver».
Los griegos salieron a campo abierto y lucharon hasta romper sus lanzas; luego, con las espadas. Leónidas cayó, y hubo una lucha feroz por su cuerpo. Los últimos supervivientes, espartanos y tespios, se retiraron a una pequeña colina y siguieron luchando, según Heródoto, «con los puños y los dientes». Los persas no se acercaron: los mataron con flechas.
Lo que no se sabe
Casi todo lo que sabemos viene de Heródoto, que escribió décadas después, y no sobrevivió ningún relato persa. Algunos detalles parecen exagerados o de propaganda: la lucha por el cuerpo del rey le parece a Lendering «demasiado homérica para ser cierta», y el oráculo pudo inventarse después para dar sentido a la derrota. También duda de que hiciera falta un traidor: los exploradores persas podían encontrar el sendero solos. Y Heródoto acusa a los tebanos de rendirse, pero probablemente lucharon como los demás. Lo que sí está comprobado es la colina: en el siglo XIX seguía llena de puntas de flecha, y los arqueólogos han encontrado más.
El espartano que volvió
Hubo dos espartanos que no murieron en la colina. Leónidas había dejado retirarse a dos soldados enfermos. Uno, Éurito, decidió volver a la batalla y murió. El otro, Aristodemo, se fue a casa.
En Esparta lo trataron como a un apestado. Según Heródoto, nadie le daba fuego ni le hablaba, y lo llamaban «Aristodemo el cobarde». Al año siguiente, en la batalla de Platea, luchó como un loco. «Era evidente que quería morir», escribió Heródoto. Y murió.
De derrota a leyenda
Con las Termópilas perdidas, el camino a Grecia quedó abierto: los persas tomaron Atenas. Pero la flota griega los derrotó poco después en Salamina, y al año siguiente su ejército fue vencido en Platea. Grecia se salvó.
En el lugar de la batalla se puso un león de piedra, y el poeta Simónides escribió para los caídos un epitafio que se hizo famoso: «Caminante, ve a decir a los espartanos que aquí yacemos por obedecer sus leyes». Los 300 se convirtieron en el símbolo del valor ante un enemigo imposible, y lo siguen siendo, con películas incluidas. Los 700 de Tespias, que eligieron morir igual, casi nadie los recuerda.
Si te gustan las batallas imposibles, lee también la de los últimos de Filipinas. Y si te interesa el mundo antiguo, la historia de la biblioteca de Alejandría.
Fuentes y referencias
- Jona Lendering, Livius. Thermopylae (480 BCE). El plan griego, el paso, los cuatro días de espera, los Inmortales, Efialtes, quiénes se quedaron, el oráculo, la colina, las puntas de flecha y qué partes de Heródoto son dudosas.
- National Geographic, Javier Murcia (27 de enero de 2022). Betrayal crushed Sparta's last stand at the Battle of Thermopylae. Las cifras del ejército persa, las tropas griegas, la edad de Leónidas, «Ven a cogerlas», el desayuno, «con los puños y los dientes», el epitafio de Simónides y la historia de Aristodemo.
- Heródoto, Historias, libro VII (siglo V a. C.), en Livius. Herodotus, bk 7, logos 22. La fuente antigua principal del relato.
Preguntas frecuentes
¿De verdad eran solo 300 espartanos en las Termópilas?
No. Había 300 espartanos, pero con ellos lucharon varios miles de griegos de otras ciudades: unos 7.000 según National Geographic. El último día, con los espartanos se quedaron 700 soldados de Tespias y 400 de Tebas.
¿Quién traicionó a los espartanos en las Termópilas?
Según Heródoto, un griego de la zona llamado Efialtes enseñó a los persas un sendero por la montaña que salía por detrás de los griegos. Algunos historiadores creen que los persas habrían encontrado el camino de todas formas.
¿Ganaron los espartanos la batalla de las Termópilas?
No: los persas ganaron y murieron Leónidas y casi todos los que se quedaron con él. Pero frenaron al ejército persa varios días y su ejemplo se convirtió en leyenda. Grecia ganó la guerra después, en Salamina y en Platea.



