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El mecanismo de Anticitera: la «computadora» de hace 2.000 años que apareció en un naufragio

Unos buscadores de esponjas encontraron un barco hundido lleno de estatuas. Entre los restos había unas piezas de bronce verdoso que parecían piedras. Dentro escondían engranajes que no volverían a verse en más de mil años.

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Fragmento de bronce corroído de color verde en el que se ve una gran rueda dentada
El fragmento principal del mecanismo, con su gran rueda dentada, en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Foto: Logg Tandy (CC BY 4.0).

En resumen

  • Qué: una máquina griega de engranajes de bronce, del tamaño de un reloj de chimenea, que calculaba los movimientos del Sol, la Luna y los planetas, y predecía eclipses.
  • Dónde y cuándo: apareció en un barco romano hundido hacia el año 65 antes de Cristo junto a la isla griega de Anticitera. Lo encontraron unos buscadores de esponjas en 1900.
  • Lo que queda: 82 fragmentos, con 30 ruedas dentadas. Solo se conserva un tercio de la máquina. Está en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
  • Por qué importa: no se conoce nada tan complejo en todo el mundo antiguo, ni nada parecido en los mil años siguientes.

Un barco hundido hace 2.000 años

En 1900, unos buscadores de esponjas griegos encontraron un barco hundido en el fondo del mar, junto a la pequeña isla de Anticitera, entre el Peloponeso y Creta. Era un barco de la época romana, hundido hacia el año 65 antes de Cristo. Entre 1900 y 1901, los buzos sacaron del fondo muchas de sus piezas.

Entre los restos había unos trozos de bronce deformes y verdosos que, de lejos, parecían piedras con moho. Pero al mirarlos de cerca aparecía algo sorprendente: ruedas dentadas con dientes triangulares, como las de dentro de un reloj, y un anillo dividido en grados, como un transportador escolar.

¿Qué era aquella máquina?

Durante décadas, nadie supo qué era. En los años 70 y 90 del siglo XX se le hicieron radiografías, que mostraron que la máquina imitaba los movimientos del cielo. Un investigador la llamó «una computadora de la antigua Grecia». Pero las imágenes eran difíciles de interpretar.

El gran avance llegó en 2005. Un equipo de científicos británicos y griegos escaneó los 82 fragmentos con una tomografía de rayos X muy precisa, como las de los hospitales pero mucho más potente. Por primera vez vieron el interior de las piezas y miles de letras diminutas, inscripciones en griego que llevaban más de 2.000 años escondidas bajo la corrosión. Publicaron sus resultados en 2006, en la revista Nature.

Gracias a eso hoy sabemos bastante de cómo era. Tenía el tamaño de un reloj de chimenea y estaba metida en una caja de madera. En un lado había una manivela. Al girarla, los engranajes movían varias agujas en la cara delantera:

  • una para el Sol y otra para la Luna, con una bolita que mostraba las fases de la Luna;
  • una para cada uno de los cinco planetas que se ven sin telescopio: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno;
  • inscripciones que decían qué estrellas salían y se ponían cada día del año.

En la parte de atrás había dos esferas con espirales, como los surcos de un disco. Una era un calendario. La otra predecía los eclipses de Sol y de Luna.

¿Quién la hizo?

No se sabe, pero hay pistas. El calendario usa nombres de meses de Corinto y de sus colonias, y entre las fiestas deportivas aparecen una del noroeste de Grecia y otra de la isla de Rodas. Quizá se fabricó en Rodas y viajaba hacia el norte cuando el barco se hundió.

El escritor romano Cicerón cuenta que en Rodas el filósofo Posidonio construyó, en el siglo I antes de Cristo, un modelo parecido del cielo. Y habla de otro aparato de bronce que había hecho Arquímedes dos siglos antes. Algunos expertos creen que los cálculos de la máquina se basan en el trabajo de Hiparco, un gran astrónomo que vivió en Rodas.

En 2021, un equipo del University College de Londres propuso el modelo más completo hasta hoy de la parte delantera. Según su estudio, la máquina combinaba ciclos de la astronomía de Babilonia, matemáticas de la escuela de Platón y teorías astronómicas griegas. La calificaron de «creación de un genio».

Lo que no se sabe

Faltan dos tercios de la máquina, así que una parte de cómo funcionaba es una reconstrucción. No se sabe quién la hizo, ni dónde exactamente, ni para quién era, ni si hubo otras parecidas que se perdieron. La fecha exacta en que se fabricó también se discute: se sabe cuándo se hundió el barco, no cuándo se construyó la máquina.

Ni extraterrestres ni magia

Como pasa con casi todo lo sorprendente del pasado, hubo quien dijo que el mecanismo venía de una nave extraterrestre. No hace falta: las inscripciones, los nombres de los meses y los ciclos de los astros son griegos y babilonios, y encajan con lo que sabemos de la ciencia de la época. Lo increíble no es que viniera de otro mundo, sino que lo hicieran personas hace más de 2.000 años, con bronce, paciencia y unas matemáticas extraordinarias.

Es otro ejemplo de que el mundo antiguo sabía mucho más de lo que solemos creer, como recuerdan los constructores de las pirámides de Egipto o los sabios de la biblioteca de Alejandría.

Fuentes y referencias

Preguntas frecuentes

¿Qué es el mecanismo de Anticitera?

Una máquina griega de engranajes de bronce, de hace unos 2.000 años, que calculaba las posiciones del Sol, la Luna y los planetas, predecía eclipses y marcaba un calendario y las fechas de los Juegos Olímpicos.

¿Dónde se encontró el mecanismo de Anticitera?

En un barco romano hundido hacia el año 65 antes de Cristo junto a la isla griega de Anticitera. Unos buscadores de esponjas encontraron el barco en 1900. Hoy está en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

¿Quién construyó el mecanismo de Anticitera?

No se sabe. Las inscripciones apuntan a Corinto o a la isla de Rodas, y algunos expertos relacionan sus cálculos con el astrónomo Hiparco, pero no hay pruebas definitivas.

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