Misterios, personajes y batallas que cambiaron el mundo

El hombre de Somerton: el muerto sin nombre de una playa de Australia y el papel que decía «Tamám Shud»

En 1948 apareció un hombre muerto en una playa de Australia, bien vestido y sin documentos. En un bolsillo secreto llevaba un papelito con dos palabras en persa: «Tamám Shud», «se acabó». Tardaron 74 años en ponerle nombre.

📅 Publicado el · ⏱ 6 min de lectura

Fotografía en blanco y negro de varios hombres de traje alrededor de un ataúd en un cementerio
El entierro del hombre de Somerton en Adelaida, el 14 de junio de 1949, con policías y periodistas. Foto de la policía australiana (dominio público).

En resumen

  • Quién: un hombre de entre 40 y 50 años, bien vestido y sin documentos, al que durante 74 años se llamó solo «el hombre de Somerton».
  • Qué pasó: el 1 de diciembre de 1948 apareció muerto en la playa de Somerton, en Adelaida (Australia). La autopsia no pudo decir de qué murió.
  • El misterio: las etiquetas de su ropa estaban arrancadas, y en un bolsillo escondido llevaba un papel con las palabras «Tamám Shud», el final de un poema persa.
  • Lo que se sabe hoy: en 2022, un profesor de la Universidad de Adelaida y una genealogista lo identificaron por ADN como Carl «Charles» Webb, un ingeniero de Melbourne. Cómo murió sigue sin saberse.

Un hombre bien vestido en la playa

A primera hora del 1 de diciembre de 1948, dos aprendices de jockey encontraron a un hombre tumbado en la arena de la playa de Somerton, en Adelaida, al sur de Australia. Estaba boca arriba, con la cabeza y los hombros apoyados en el muro del paseo. Llevaba traje y los zapatos recién lustrados, y tenía un cigarrillo a medio fumar sobre el cuello de la chaqueta. Estaba muerto.

Varias personas dijeron a la policía que la noche anterior habían visto a un hombre parecido tumbado en el mismo sitio. Uno vio que movía un brazo, y no le dio importancia. «Era un lugar bastante a la vista», declaró una testigo, «no la clase de sitio que uno elegiría para irse a morir tranquilo».

Tenía entre 40 y 50 años, medía 1,80 metros, era fuerte, de ojos gris azulado y pelo castaño rojizo con canas a los lados. No llevaba ningún documento. Y casi todas las etiquetas de su ropa estaban cortadas.

Una muerte sin causa

La autopsia no encontró señales de violencia, y no pudo decir de qué había muerto. Según recoge CNN de las actas de la investigación de 1949, tres médicos declararon que no había sido una muerte natural. La policía pensó en un veneno tan raro que matara rápido y no dejara rastro. Nunca se encontró ninguno. «Creo que la causa inmediata fue un fallo del corazón, pero no puedo decir qué lo provocó», declaró el químico del Gobierno que analizó las muestras.

Su cuerpo tenía detalles curiosos. El patólogo John Cleland anotó que llevaba las uñas de los pies limpias y cuidadas, algo raro en los muertos que llegaban a su depósito. El embalsamador se fijó en sus pantorrillas, muy marcadas, como las de alguien acostumbrado a llevar zapatos de tacón y punta. Hubo quien pensó que podía ser bailarín, marinero, contrabandista… o espía.

La maleta de la estación

En sus bolsillos había billetes que indicaban que el día antes había llegado en tren a la estación de Adelaida, desde no se sabe dónde, y que había dejado una maleta en la consigna. Había comprado un billete de tren a una playa cercana, pero no lo usó: fue a Somerton en autobús.

La policía encontró la maleta. Dentro había ropa, también sin etiquetas, y un hilo naranja igual que el que se había usado para coser sus pantalones. Un sastre dijo que su abrigo era de corte estadounidense, algo que no se importaba en Australia. Ni un nombre.

Sus huellas y su foto se enviaron por todo el mundo: Reino Unido, Estados Unidos, países de África de habla inglesa… En enero de 1949, una carta firmada por el director del FBI, J. Edgar Hoover, confirmó que en Estados Unidos no había ninguna ficha que coincidiera.

«Tamám Shud»

Meses después, el patólogo volvió a revisar su ropa y encontró algo que se le había escapado: un bolsillo pequeño y escondido en los pantalones. Dentro había un papelito enrollado con dos palabras impresas: «Tamám Shud».

Es persa y significa «terminado» o «se acabó». Son las últimas palabras del Rubaiyat, una colección de poemas de Omar Jayam, un sabio persa del siglo XI. El papel había sido arrancado de un ejemplar del libro.

Y ese libro apareció. Un hombre, cuyo nombre nunca se hizo público, lo entregó a la policía: dijo que lo había encontrado tirado en su coche el 30 de noviembre, la víspera de la muerte.

El libro, el teléfono y el «código»

En la contraportada había dos pistas más. La primera, un número de teléfono escrito a mano. La policía lo siguió hasta una mujer que vivía en Glenelg, un barrio cercano. Según CNN, se quedó horrorizada al ver la máscara de yeso que la policía había hecho del muerto, pero negó conocerlo.

La segunda, unas filas de letras garabateadas que parecían un mensaje en clave. Se dijo que era un código de espías de la posguerra, y la idea de que el hombre era un espía se hizo famosa. Nadie consiguió descifrarlo.

El desconocido

Como nadie lo reclamaba, su cuerpo se embalsamó y la policía hizo una máscara de yeso de su cara y sus hombros. El 14 de junio de 1949 lo enterraron en el cementerio de West Terrace, en Adelaida, bajo una lápida que lo llamaba «el hombre desconocido».

La investigación de 1949 no pudo aclarar el caso. El patólogo creía que se había envenenado él mismo, y que las palabras del bolsillo indicaban que estaba harto de la vida. Pero no se pudo demostrar.

2022: un nombre, por fin

Derek Abbott, profesor de ingeniería de la Universidad de Adelaida, oyó hablar del caso en 1995 y se propuso darle un nombre. En 2011, la policía le dio unos 50 pelos que se habían quedado pegados en la máscara de yeso. Un equipo de la universidad pasó años sacando su ADN. En 2021, la policía exhumó el cuerpo para analizarlo también.

Abbott trabajó con la genealogista estadounidense Colleen Fitzpatrick. Con bases de datos de ADN, construyeron un árbol familiar de unas 4.000 personas, y el 23 de julio de 2022 encontraron la coincidencia con unos parientes lejanos. Según ellos, el hombre de Somerton era Carl «Charles» Webb, un ingeniero eléctrico y fabricante de instrumentos nacido en Melbourne en 1905, el menor de seis hermanos.

Webb se había casado con Dorothy Robertson. La última pista que tenían de él es de abril de 1947, cuando la dejó. Ella pidió el divorcio diciendo que había desaparecido, y años después se fue a vivir a Bute, en Australia del Sur, el estado donde apareció el cuerpo. «Es posible que viniera aquí a buscarla», dijo Abbott, aunque reconoció que es una suposición. Los documentos dicen además que a Webb le gustaba apostar en las carreras de caballos, lo que podría explicar las letras del libro, y que le gustaba la poesía y escribía la suya.

Lo que no se sabe

Cuando Abbott y Fitzpatrick anunciaron el nombre, la policía de Australia del Sur y su laboratorio forense dijeron que todavía no lo habían verificado y que hablarían cuando tuvieran sus propios resultados; en lo que hemos podido consultar, no hay una confirmación oficial publicada. Abbott dijo estar seguro al «99,999 %». Y aunque fuera Webb, seguiría sin saberse lo más importante: de qué murió, por qué estaba en aquella playa y qué significaba el papel del bolsillo.

Si te gustan los misterios que la ciencia ha ido aclarando, lee también el del paso Diátlov o el del manuscrito Voynich, el libro que nadie ha podido leer.

Fuentes y referencias

Preguntas frecuentes

¿Quién era el hombre de Somerton?

Según el profesor Derek Abbott, de la Universidad de Adelaida, y la genealogista Colleen Fitzpatrick, era Carl «Charles» Webb, un ingeniero nacido en Melbourne en 1905. Lo identificaron por ADN en 2022, pero la policía australiana dijo entonces que aún no lo había verificado.

¿Qué significa «Tamám Shud»?

Es persa y significa «terminado» o «se acabó». Son las últimas palabras del Rubaiyat, de Omar Jayam. El papelito se encontró en un bolsillo escondido de sus pantalones y había sido arrancado de un ejemplar del libro.

¿De qué murió el hombre de Somerton?

No se sabe. La autopsia de 1948 no encontró violencia ni veneno, aunque tres médicos dijeron que no fue una muerte natural. El patólogo sospechaba que se había envenenado él mismo, pero nunca se pudo demostrar.

¿Te gustó esta historia? Compártela 👇

WhatsApp Facebook X (Twitter)

Sigue leyendo